CAPITULO XXIIEl mismo ignoto lugar del caribeEncima de su mástil, Edmond observo que el barco se acercaba lo suficiente para comenzar a divisar detalles, parecía un navío robusto, por su porte, parecía militar, eso le hizo sentir una punzada en el estomago, ya que si los piratas temían al tal segador este seria un navío español o francés.
La embarcación continua aproximadamente, estaba ahora a algo más de una millas lo cual le permitió con gran alegría divisar el pabellón y ver que era un navío de la armada del gobernador.
Desde la embarcación el vigía avisa al oficial de cubierta:

- señor, diviso una vela a babor
- ¿Que clase de vela?
- Pues la verdad es que parece echa jirones y por su aspecto desastrado parece que no esta en uso, me atrevería a jurar que pertenece a los restos de una nave encallada.

- Olvídelo oficial. Timonel, alejémonos de ese pecio, no sea que corramos su misma suerte
Edmond, observa horrorizado como la embarcación comienza a virar. Desesperado comienza a gritar y a agitar los brazos, peor parece inútil, entonces se fija en el cañón y recuerda que los piratas le dejaron la pólvora. Rápidamente carga el cañón de pólvora, con una cantidad bastante exagerada, es consciente de que esa distancia el cañonazo se escuchara. Prende la mecha y el estruendo es ensordecedor, una lengua de guego sale del arma, seguida por una intensa humareda.


A bordo del barco se escucha la deflagración perfectamente.
- Nos disparan!!
- De donde viene ese disparo vigía? – pregunta el oficial
- Del pecio señor!
- Entonces no esta abandonado, era una trampa!
- Una trampa señor?
- Si, seguro que son esos malditos hombres de Roger. Zafarrancho de combate. Batería de babor, prepárense para responder al ataque.

Edmond observa aliviado como el navío comienza a virar de nuevo, pero entonces ve que las portezuelas que ocultan los cañones comienzan a levantarse y las armas asoman por ellas.
Consciente de que es lo que sigue a esa operación, Edmond se arroja al agua y comienza a nadar alejándose del pecio.

- FUEGO!

La salva cae de lleno sobre los restos del barco pirata que estalla en mil pedazos al incendiarse la pólvora que contenía. Edmond recibe el impacto de pedacitos que le causan heridas leves. Se agarra como puede a una madera sin saber muy bien que hacer, le pitan los oídos, le da vueltas la cabeza…

Del buque de guerra se ve partir un bote de remos, con dos tripulantes. Poco a poco se acercan donde se encuentra Edmond, el oficial le apunta con su arma.

- Escoria pirata, quedas arrestado en nombre del imperio.
- Señor, no soy un pirata, soy Lord Edmond Whitewhale, fui victima del ataque del capitan Roger al puerto comercial, conseguí escapar a duras penas, pero unos rufianes me robaron la embarcación y me abandonaron en ese resto flotante que acaban de destruir.
- Entonces porque nos ha disparado?
- Solo era una carga de pólvora, para llamar su atención
- No obstante… Lord Whitewhale? Era un hombre bastante mas mayor que usted
- Era mi padre, falleció hace cosa de un año, yo llevo ahora el negocio.
- La verdad es que su aspecto no es el de un pirata, ni su indumentaria, ni lleva pendientes o tatuajes. Suba a bordo.
- Muchas gracias oficial, que barco es ese?
- Es el
HMS Impetuous, el buque insignia del gobernador.
- Y donde os dirigís?
- Vamos a Kingston, donde esta actualmente el gobernador, mientras se termina su residencia en Spanish Town.
- ¡El gobernador! El conocía a mi padre, es realmente importante que hable con el.- El oficial miro a Edmond, y sacudió la cabeza.
- Hay algo en usted que me inspira confianza, daré crédito a sus palabras, pero sepa que si me miente…
- No lo hago, se lo aseguro, muchísimas gracias
El gobernador, el conocía a su padre y podría identificarle, por otro lado, le tenia que preguntar por Elleanor, era algo que no podía sacar de su cabeza, un torbellino de emociones le embargaba cada vez que pensaba en ella, en que le estaría pasando, en donde estaría…
