CAPITULO XXXII
Valladolid, península de Yucatán.
En el puesto de guardia el soldado Atienza estaba enfrascado en la redacción de un escrito para remitirlo al Ramiro Valdes, era de vital importancia que lo recibiera cuanto antes, habían pasado ya dos semanas desde que descubrió que los forasteros que vivían con el marques eran unos prisioneros fugados.

El día anterior le habían comentado que un destacamento salía al encuentro de Ramiro, quien en su última batalla contra unos piratas había perdido bastantes hombres entre muertos y heridos, y este batallón tenía órdenes de sustituir a todos los caídos. Entregaría el papel a algún oficial y confiaría en que se lo entregaran.
Enfrascado estaba en esos pensamientos cuando escuchó pasos tras de si, era el teniente López, se conocían, los dos venían de pueblos vecinos y eso les hacia tener una especial simpatía el uno por el otro. Se levanto y saludo.

- Atienza, no se ponga usted tan formal
- A la orden mi teniente!
- ¿escribiendo otra carta para algún compañero? Eso de ser el único soldado de todo el destacamento que sabe escribir le va a reportar una fortuna. Atienza Entintado le llaman a usted los oficiales.

- Jeje, favor que me hacen mi teniente. No es la carta de un compañero, es un despacho para su Excelencia, el Grand Duque, con noticias que pueden ser de su interés.
- Mire, esta usted de suerte, yo salgo con ese destacamento. ¿Que contiene el despacho?
- No se lo puedo comunicar, son órdenes del coronel, pero bueno, por ser usted, se lo diré, se trata de asuntos personales, cosas de negocioso que ambos tienen entre manos.
- ¡Quite, quite, yo de eso no quiero saber nada! Pero si quieres lo entrego yo, eso si, como condición, vigila que mi caballo este bien cuidado
- Descuide mi teniente que lo cuidare personalmente. Si quiere luego le busco y le entrego el despacho
- Perfecto, luego nos vemos
Atienza se quedo solo, termino el despacho y con una sonrisa en la cara, salio en busca del teniente, esto, le valdría un ascenso.
Palacio del MarquesDespués de tantos días, Elleanor, había aprendido a apreciar la ilustrada compañía de un hombre como el padre John, un hombre culto, cuidadoso, atento y afectuoso, era, por decirlo de alguna manera la imagen en un espejo de Roger, lo mismo, pero al revés, ambos eran ilustrados, pero sus virtudes eran contrarias.
Hoy acompañaba al padre John al pequeño jardín botánico que este cultivaba en un ala del palacio del marques, quien resulto ser al igual que el padre John un hombre de trato maravilloso.

Llegaron a la zona de la pajarera, dos soberbios ejemplares estaban en una percha.
- curiosa pareja, por un lado, un loro vulgar y corriente, y por el otro, un soberbio ejemplar de rapaz, que tengo que decidir todavía a que grupo pertenece, pero que resulta que a adoptado al loro como una cría, y la protege y cuida.
- Realmente curioso padre, y ambas son preciosas.
- Y aquí esta nuestro amigo el Alouatta, que ya se encuentra mucho mejor, en breve, le daremos la libertad.
Elleanor acaricio al animalillo que emitió un gemido sordo de placer.

- Si quiere, querida, podemos probar una fruta tropical, aun sin clasificar, de un sabor exquisito.
- Eso seria estupendo, pero me gustaría lavarme las manos después de tocar a nuestro peludo amigo
- Vayamos a la fuente.

Una vez en la fuente, ambos se aclararon las manos, en ese momento, en el que Elleanor se deslizo la manga de la camisa, quedo al descubierto una marca de nacimiento. John la vio, entonces, lanzo una exclamación, se alzo de la fuente y mirando a Elleanor dijo:


- My lady,¡¡¡ no puede ser, sois vos!!!! – y sus ojos se llenaron de lagrimas
- Como… - Elleanor, estaba sorprendida
- Lady Lavinia, ¡no estáis muerta! La marca de nacimiento, ¡yo os bautice!
- Entonces, es cierto… soy la hija del Gobernador y Roger me secuestro.
- Si hijita, si, ¡es un milagro! Pero contadme, ¿Lo sabíais y no me habéis dicho nada?
- No padre, cuando Roger ataco el puerto, le escuchamos a escondidas hablar con Carnegy, antes de matarle, el le insinúo que yo podría ser la hija del Gobernador, pero yo no sabia si eso era cierto. No podía creerlo.- Elleanor, rompió a llorar
- Muy bien hija mía, esto cambia las cosas y mucho, por un lado, tenemos que reuniros con vuestro padre, el os ha añorado cada día desde que os perdió. Y por el otro, tenemos que hablar con el marques, si Ramiro se entera de que sois quien sois, todos tendremos problemas, su odio a los ingleses es casi igual que el que tiene a los piratas, y no dudaría en haceros cualquier cosa con tal de conseguir hacer daño a vuestro padre. – le cogió las manos- Pero no temáis, yo os protegeré, no sabéis cuanto quería a vuestra madre y en cuanta estima tengo a vuestro padre.
