Capítulo VII- Le voy a explicar lo que pasó -dijo el policía mientras ponía un sobre encima de la mesa de aquel calabozo.

- Usted se lió con nuestra amiga – siguió. Dios sabe qué vería en usted… Pero claro, había un problema, estaba casada y ella no se decidía a dar el paso. Y bueno, usted le echó una mano con el asesinato. Por no hablar de la fortuna de su amiguita. Todo ventajas, un negocio redondo. Luego se vió atrapada y montaron el teatro ese del detective y la clienta.
Droi cogió el sobre. Se imaginaba perfectamente el contenido.



- Mire, no sé cómo pudo pasar, ella… bueno, pasó y punto. Que yo sepa no es delito.
- No, pero no está bien liarse con los clientes de uno.
- Vale, soy un tipo muy malo que no tiene escrúpulos, pero nada de todo eso es cierto. - Si no tienen nada mejor, me marcho ya mismo.
- Busque la denuncia del robo de su pistola. - Tiene 36 horas si no quiere acabar delante del juez.
Droi salió de allí maldiciendo en varios idiomas que no hablaba. Se fue directo al despacho, buscó en el archivo pero allí… no había nada.

Tenía 36h antes de acabar ante el juez, y pensaba agotar ese tiempo.
Ya de vuelta a casa, decidió dormir un poco después de la desagradable experiencia en la comisaría. Le costó conciliar el sueño. Aun así, se despertó pronto y se dio una ducha.

Preparó un café y salió a la calle. Tenía que hablar con la viuda y aclarar más de una cosa, pero antes quería tener una charla con la chica del servicio. Si alguien puede saber algo de lo que pasa en esa casa, es el servicio. En cualquier caso, el camino era el mismo: la zona “bien” de la ciudad.